La cuestión de la seguridad ciudadana se ha debatido históricamente, sin dirimirse, en los corredores del crimen y el castigo. Ambos términos de este continuo confrontan sus riesgos específicos y apuestan a una cierta lógica de costos-beneficios. Es ya un hecho frecuente en el marco de los estudios latinoamericanos sobre violencia e inseguridad ciudadana, la creciente percepción de vulnerabilidad como efecto del aumento real o percibido del crimen.